Cuando dos católicos se conocen y empiezan a construir algo juntos, es fácil enfocarse en la química, en si hay una conversación fluida, en si comparten los mismos gustos. Todo eso importa. Pero hay una pregunta más profunda que vale la pena hacerse con el tiempo: ¿esta relación me acerca a Dios, o me aleja de Él?
Aquí hay cinco señales que muestran que una relación tiene raíces firmes en la fe, no solo en la atracción del momento.
## 1. Pueden orar juntos, no solo hablar de oración
No se trata de que ambos digan que son católicos practicantes. Se trata de si, en algún momento, pueden sentarse juntos y orar en voz alta, aunque sea de manera sencilla. Una pareja que ora junta aprende a ser vulnerable de una forma distinta a la que permite cualquier otra conversación.
## 2. La otra persona te desafía a ser mejor, no solo te hace sentir bien
El enamoramiento se siente bien casi todo el tiempo. El amor verdadero, con el tiempo, también incluye momentos donde la otra persona te llama a la virtud, te corrige con cariño, o simplemente vive de una manera que te inspira a esforzarte más en tu propia vida espiritual.
## 3. Hay honestidad sobre las heridas y los límites
Una relación fundada en la fe no le teme a las conversaciones difíciles: sobre el pasado, sobre las expectativas de castidad, sobre las heridas familiares. San Pablo describe el amor como algo que "no busca lo suyo" (1 Corintios 13:5), y eso incluye la honestidad, aunque incomode.
## 4. Los planes futuros incluyen a Dios, no solo a ustedes dos
Cuando una pareja empieza a imaginar el futuro (matrimonio, familia, vocación) y esa conversación incluye de forma natural la fe, la parroquia, los sacramentos, es una señal de que la relación no gira únicamente alrededor de los dos, sino de algo más grande que los sostiene a ambos.
## 5. La relación genera más paz que confusión constante
Esto sorprende a muchos, pero es una de las señales más claras. Una relación que realmente está en el camino correcto trae paz interior, incluso en medio de las dificultades normales de conocerse. Si sientes ansiedad constante, inseguridad, o la necesidad de controlar cada mensaje y cada silencio, vale la pena preguntarte si esa relación está fundamentada en la confianza y en Dios, o en el miedo.
## Una relación con Dios en el centro no es una relación perfecta
Ninguna pareja hace todo esto perfectamente todo el tiempo. Pero cuando estas señales están presentes, aunque sea de manera imperfecta, es una buena indicación de que la relación tiene una base que puede sostenerse con el tiempo, no solo con la emoción del principio.
Si estás buscando esa clase de relación, sigue confiando en el proceso. Dios no tiene prisa, y las mejores historias de amor casi siempre se construyen con paciencia.
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La fe y las convicciones cristianas no son la base automática de una relación; más bien, la fe y la comprensión del fin último del matrimonio son las que ayudan a fortalecerla. Si la vida espiritual es un combate contra el mundo y contra uno mismo, los principios cristianos se vuelven fundamentales para superar los desafíos de una convivencia a tiempo completo, donde ambos miembros deben vencer su propio egoísmo.
Entonces, ¿qué se necesita para iniciar la hermosa empresa de una pareja cristiana? Atracción y afinidad natural: Un poco de atracción no viene mal, pero no debe primar el enamoramiento como un mero mecanismo del instinto. Es mucho mejor cuando este surge del conocimiento mutuo y de una complicidad nacida de la amistad. Más allá de la química, se necesita una afinidad de personalidad que propicie el entendimiento natural, y no solo porque se tenga la obligación voluntaria de entenderse.
Esto es lo más importante. La realidad nos muestra que muchos hermanos parecen estar llenos de virtudes, tienen una activa vida religiosa y participan en ministerios parroquiales, pero carecen de una verdadera vida interior y de autoconocimiento. Si el terreno humano donde se intenta sembrar la semilla es inadecuado, ¿cómo va a permear la gracia? No podrá dar frutos y se malogrará cualquier don recibido del Señor.
Si estamos en esta red social es porque sabemos que el problema no es la falta de "gente buena". El verdadero conflicto es que, al no conocerse a sí mismos y carecer de vida interior, muchos gestionan sus crisis exactamente igual a como lo hace el mundo. Hoy en día se aceptan como "normales" conductas inmaduras, la impulsividad, la rigidez, los caprichos o la manipulación. Muchos se conforman con los momentos placenteros, mientras toleran la ansiedad y la confusión constante.
La gracia, por ejemplo, no cura automáticamente la inseguridad (a menos que Dios así lo decida en un milagro). Esa inseguridad puede convertir una relación en un auténtico infierno, aun cuando ambos recen el Santo Rosario todos los días, vayan a misa los domingos y coincidan en la moral de la Iglesia y no duden en nada.
Hoy en día se aceptan como "normales" conductas inmaduras, la impulsividad, la rigidez, los caprichos o la manipulación. Muchos se conforman con los momentos placenteros de la relación, mientras toleran la ansiedad y la confusión constante.
La gracia potencia lo que encuentra, no crea una personalidad nueva desde cero: en pocas palabras, no te quita lo baboso.
Si una persona es rígida, mezquina o manipuladora, y no trabaja en su autoconocimiento, la práctica y la vida religiosa a menudo solo servirán para que justifique su soberbia con un barniz de "celo santo". Entonces nos topamos con hermanos que, ante los conflictos y desafíos de la vida en pareja, actúan exactamente igual que los que viven en el mundo: llevan una cubierta con sabor a cristiandad, pero por dentro están rancios, heridos y ciegos a su propia realidad.
Si no te conoces a ti mismo, si no sanas tus heridas y no eres honesto contigo mismo, serás incapaz de ver tus defectos y debilidades. Y sin esa consciencia, cualquier relación que empieces estará condenada a malograrse o a convertirse en una fuente de sufrimiento crónico. Divorcios, hey!! alguien dijo escandalo y relaciones amargas e insatisfechas, que luego afectan también la vida religiosa y la piedad.
Si de verdad quieres tener una relación madura, haz algo: edúcate, sé mejor y, si es necesario, busca ayuda profesional y psicológica. Dios hace su parte, pero a ti te toca labrar la tierra, sino vas obtener los mismos frutos, y no importa a dónde vayas y dónde busques.