Para muchos solteros católicos, especialmente mujeres, existe una regla no escrita en las citas en línea: “Si escribo primero, pareceré desesperada”. Esta idea es tan común que, sin darse cuenta, impide que muchas personas den el primer paso hacia una conexión real. Pero la verdad es otra: iniciar una conversación no es una falta de dignidad, confianza ni fe. Al contrario, puede ser un acto de claridad, madurez e intención.
Las citas católicas no se tratan de juegos. Se tratan de discernimiento, honestidad y de avanzar hacia una vocación. Esperar pasivamente a que el otro actúe no es lo mismo que confiar en Dios. A veces, es simplemente el miedo disfrazado de espiritualidad.
Muchas mujeres dudan en escribir primero porque han aprendido que el “hombre correcto” debe tomar la iniciativa, que la acción corresponde solo a una de las partes. Aunque la iniciativa tiene su lugar, la comunicación no es una competencia. Un primer mensaje no es una propuesta, ni un compromiso, ni una renuncia a los propios valores. Es simplemente una invitación a conversar.
En la vida real, las mujeres inician conversaciones significativas con naturalidad. Se presentan en eventos parroquiales, actividades de voluntariado, retiros o encuentros sociales. Las citas en línea no son diferentes. Cambia el medio, pero no la interacción humana.
También existe una realidad práctica de la que poco se habla: muchos hombres buenos dudan en escribir primero. Algunos no quieren incomodar. Otros piensan que las mujeres ya reciben demasiados mensajes. Y muchos temen al rechazo tanto como ellas. Un mensaje respetuoso y sincero puede disipar esa incertidumbre y abrir una puerta que, de otro modo, quedaría cerrada.
Escribir primero no significa bajar los estándares. No significa perseguir a nadie. No significa aceptar un trato pobre o una falta de esfuerzo. Significa dar un pequeño paso intencional para descubrir si alguien merece un mayor discernimiento.
Las citas vividas desde la fe requieren valentía. La Sagrada Escritura está llena de momentos en los que la acción fue decisiva, de personas que avanzaron en lugar de quedarse esperando indefinidamente. Rut se acercó a Booz. María hizo preguntas antes de decir sí. El discernimiento incluye la oración, pero también el movimiento.
Si ves un perfil que refleja valores compartidos, una fe compatible y una intención sincera, enviar un mensaje respetuoso no es desesperación. Es discernimiento en acción.
Un sencillo “Hola, me ha gustado tu perfil y me encantaría conocerte mejor” no es excesivo. Es humano. Es honesto. Y podría ser el comienzo de algo real.
En CatolicosSolteros, el objetivo no es navegar sin fin, sino conectar. Si todos esperan a que el otro hable primero, las conversaciones significativas nunca empiezan. A veces, la decisión más fiel también es la más sencilla: decir hola.
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