En una cultura que suele asociar el amor con comodidad, atracción inmediata o beneficio personal, el testimonio de Santa Mariana Cope nos ofrece una visión profundamente distinta. Su vida nos recuerda que el amor auténtico no se define por lo que recibimos, sino por lo que estamos dispuestos a entregar, incluso cuando hacerlo implica sacrificio, incomodidad o incomprensión.
Santa Mariana Cope fue una religiosa que dejó la seguridad de su vida en Estados Unidos para servir a personas con lepra en Hawái, en una época en que esa enfermedad provocaba miedo, rechazo y aislamiento. Ella no fue porque se sintiera especialmente preparada, ni porque el camino fuera claro o fácil. Fue porque entendió que amar, en su forma más pura, exige presencia y fidelidad, no garantías.
Este testimonio tiene mucho que decir a quienes hoy buscan una relación significativa. Vivimos rodeados de opciones, filtros y expectativas, pero a menudo olvidamos que el amor real se construye cuando dejamos de preguntar “¿qué gano yo?” y empezamos a preguntarnos “¿cómo puedo amar mejor?”. Santa Mariana no eligió el camino más atractivo ni el más cómodo, pero sí el más fecundo.
En la vida afectiva y en el discernimiento vocacional, es fácil caer en la tentación de esperar condiciones perfectas: la persona ideal, el momento ideal, la seguridad total. Sin embargo, la experiencia cristiana nos enseña que la claridad muchas veces llega después del compromiso, no antes. Santa Mariana no tenía un mapa completo; tenía fe, y eso le bastó para dar el siguiente paso.
Estamos en el Tiempo Ordinario, un periodo que a menudo pasa desapercibido, pero que nos invita a santificarnos precisamente en lo cotidiano. No se trata de grandes gestos heroicos todos los días, sino de aprender a amar con constancia, paciencia y verdad en las pequeñas decisiones. En el contexto de las relaciones, esto significa escuchar, respetar, ser honestos y perseverar incluso cuando el entusiasmo inicial disminuye.
La vida de Santa Mariana Cope nos anima a mirar más allá de la superficie. Nos invita a reconocer que el amor cristiano no huye del sufrimiento ni del esfuerzo, sino que los transforma. Para quienes están solteros, discerniendo o simplemente esperando con esperanza, su ejemplo es un recordatorio de que Dios obra poderosamente cuando confiamos y damos un paso adelante, aun sin tener todas las respuestas.
Que el testimonio de Santa Mariana nos ayude a vivir este Tiempo Ordinario con mayor profundidad, aprendiendo a amar no solo cuando es fácil, sino cuando es verdadero.
Comentarios (0)