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¡Feliz día de San Valentín!

por Sister Paula

Debo de confesar, no me gusta mucho el día de San Valentín.  Recuerdo cuando estaba en la primaria, mi mama nos compraba una pequeña caja  de tarjetas sencillas  para el día de San Valentín y yo las revisaba y escogía mis favoritas.   Aquellas serian apartadas para las chicas con quien yo estaba enamorado y yo agonizaba cual tarjeta le iba a dar a cual chica.  Si alguna de ellas através de todos esos años supieran cuanto pensamiento y esfuerzo y angustia pasaba en seleccionar sus tarjetas, tal vez no me hubiera convertido en sacerdote. 

 Con el tiempo el compartir dulces y tarjetas de San Valentín se convirtió  cada vez menos una cosa que todos los niños hacían para todos sus compañeros y se transformo más en una obligación romántica, de los chicos que andaban de novios,  y empecé a perder interés. Pero peor que eso, comencé a temer al día.  Quebraba en un sudor cuando la gente inocentemente preguntaba, "¿Qué vas a hacer para el día de San Valentín?" Si supieran la verdad, que yo seguramente iba a pasar el día con mi sobre activa y sobre romántica imaginación  y fantasear que tenia el valor de ir a hablar con la chica , que actualmente estaba ocupando mi obsesión. 
Iría con un detalle sorprendente, magnífico y romántico que abriría sus ojos.  Tendría que ser algo grande, lo cual es la razón por que siempre le tenia resentimiento a John Cusack por haberse robado mi idea de tomar un radiocasete y alzarlo sobre su cabeza mientras estaba bajo la ventana de una chica.  Ella instantáneamente se daría cuenta que no solo ella estaba subconscientemente enamorada de mi, pero que era la chica mas afortunada de la escuela. 
Con los años, comencé a desarrollar una aversión por el día, que siempre me dejaba con el sentido de estar excluido de la fiesta.

Estos últimos 3 años, mientras vivía en Monterrey, México, comencé a reconciliarme con al día.  En México es llamado “Día de Amor y Amistad”.  El primer año allí, me sorprendí en la cantidad de tarjetas y regalos que recibí, y me sentí un poco defensivo cuando mis compañeros de trabajo y mis amigos aparecían ofendidos por mi falta de reciprocidad.  Me defendí, protestando que como sacerdote, no era propio para mi participar en el día.  Pero para mi gran vergüenza, mis amigos me indicaron que como cristiano primero y sacerdote segundo, yo estaba obligado a dar buen ejemplo de amor desinteresado, y que no estaba excluido de eso. He de admitir que los chocolates tuvieron un sabor un poco amargo ese día.   

 El día de San Valentín puede ser estresante para aquellos que buscan un compañero en la vida, pero no debe ser estresante para un cristiano, porque como seguidores de Cristo, todos podemos servir como ejemplos de amor desinteresado. Entonces digo felizmente para todos ustedes, ¡Feliz día de San Valentín!

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Sobre el Autor

Sr. Paula Vandegaer, S. S. S, A. C. S. W, L.C.S.W.

Hermana Paula Vandegaer, L.C.S.W., fundadora de Servicios de Vida Internacional, Voluntarios para la Vida, y Instituto Scholl de Bioética.  La hermana Paula es un líder reconocida internacionalmente en el movimiento pro-vida y ha entrenado, ministrado e inspirado a millares. 

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