Estamos en una temporada maravillosa y santa: la Navidad. Trae muchas bendiciones y buenos sentimientos, pero desafortunadamente también puede traer sentimientos de tristeza.
Esta temporada evoca recuerdos buenos y malos del hogar. Puede ser, al mismo tiempo, un momento emocionante y un tiempo de soledad. Es una época del año en la que deseamos estar en casa o con nuestros seres queridos. Si por alguna razón estamos solos, ya sea en Navidad o en Año Nuevo, puede ser particularmente difícil para nosotros.
Pero recuerden que hay muchas personas que no tienen un hogar o que luchan diariamente para mantener con vida a sus familias. No pierdan este valioso tiempo concentrándose solo en ustedes mismos o en cuánto —o qué tan poco— recibieron. Concéntrense en lo que pueden dar. Muchas personas están solas o viven en la pobreza. Muchas necesitan su ayuda, una llamada telefónica o, posiblemente, una visita. Den a un refugio para personas sin hogar, a su banco de alimentos parroquial u a otra organización benéfica.
Esta es la época en la que Dios se entregó personalmente a nosotros. Renunció a su condición divina para unirse a nosotros en nuestra pobreza. Traten de ser cada vez más como Él en esta temporada. Esa será su gran bendición, no cuánto reciban.
Si la soledad los golpea en Navidad o en Año Nuevo, alaben a Dios. Se parecen cada vez más a Él en su pobreza en esta época del año.
Dios bendiga, hermana Paula
Comentarios (0)