Discernir antes de decir "sí": el matrimonio como vocación
"Y esto pido en oración: que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor" (Filipenses 1:9-10).
San Pablo no ora simplemente para que sus hermanos amen más, sino para que amen con sabiduría. Ese es el corazón del discernimiento antes del matrimonio: un amor que ve con claridad, no solo con el corazón acelerado.
Escuchar antes de decidir
El discernimiento comienza con la escucha. Antes de preguntarse "¿es esta la persona correcta?", conviene preguntarse "¿estoy escuchando a Dios en esta relación?". Muchas veces se busca una señal externa dramática, cuando el Señor suele hablar en la paz interior, en la oración constante y en el consejo de quienes conocen bien a la persona.
Discernir no es dudar de todo
Hay una diferencia entre el discernimiento sano y la duda paralizante. Discernir es examinar con honestidad: ¿Esta relación me acerca a Cristo o me aleja de Él? ¿Puedo ser yo mismo, con mis virtudes y mis límites, junto a esta persona? ¿Compartimos una visión común de la fe, la familia y el sacrificio que exige el amor verdadero? Estas preguntas no buscan sembrar miedo, sino dar cimiento.
La virtud de la paciencia
El noviazgo cristiano no es una carrera hacia el altar, sino un tiempo de conocimiento mutuo y de crecimiento espiritual compartido. La prisa suele nublar el juicio; la paciencia, en cambio, permite que la relación revele su verdadera naturaleza con el tiempo. Quien apura el proceso de discernimiento a menudo descubre después lo que la calma habría mostrado antes.
Buscar consejo, no solo confirmación
Es sabio hablar con un sacerdote, un director espiritual o personas maduras en la fe durante este proceso. No para que decidan por uno, sino para recibir una mirada externa, libre de la intensidad emocional del momento. El buen juicio, como dice San Pablo, no se cultiva en aislamiento.
"Que el amor de ustedes abunde cada vez más en conocimiento y en buen juicio, para que disciernan lo que es mejor" — esa es la meta: no cualquier amor, sino un amor que discierne.
¿Está usted dando espacio a la oración y al consejo sincero antes de tomar decisiones importantes en su relación, o está dejando que la prisa hable más fuerte que Dios?
Comentarios (1)
Felicidades a quien escribe estas entradas.
Solo agregaría que nadie se debe casar enamorado; es decir, en el momento más intenso del enamoramiento biológico. Será muy difícil discernir cuando el enamoramiento es algo así como un estado narcótico que altera la realidad y nos hace ver al otro mejor de lo que es. Uno de los grandes problemas actuales es que el enamoramiento se identifica con el amor y que aquel prima sobre el segundo. Aunque el enamoramiento biológico no viene solo y no se le puede sustraer de todo aquello que lo arropa o acompaña, es verdad que la decisión hacia el matrimonio, como escriben, no debe ser apresurada y debe considerar otros aspectos, no solo porque una pareja esté ansiosa por casarse.
Al final, hay que conocer y saber, sobre todo, cómo funciona el amor y qué condiciones tiene la vocación matrimonial. Saber sobre el amor no destruye su encanto; por el contrario, maximiza sus posibilidades y su éxito a largo plazo. Y saber sobre la doctrina de la vocación matrimonial ayuda a que la pareja tenga claro cuáles son sus responsabilidades y qué implica el compromiso esponsal.
Por lo tanto, el discernimiento no ocurre en el vacío: cernir requiere un criterio previo o un marco referencial. Si pasas harina por un cernidor, el tamaño de la malla es el criterio, los valores o principios sobre los que esa harina es filtrada y de la cual se obtienen los granos que necesitamos para obtener los datos que nos ayudan a decidir, clarificar ideas, etc. El mejor discernimiento es, por lo tanto, el informado. Si conoces la moral de la Iglesia, la teología y la espiritualidad del matrimonio, si sabes qué es el amor y cómo lo vive el cristiano, entonces puedes tomar la mejor decisión: si debes o no casarte, o si es el momento adecuado para hacerlo o conviene esperar.
Bendiciones.
Dejo esta reflexión sobre el prejuicio sobre que lo que se siente no se debe analizar o discernir.
Sentipensar
La disociación entre pensar y sentir es un problema de la humanidad que nos ha causado y sigue provocando muchos males...
Sentipensar: sentir pensando y pensar sintiendo.
¡Acaso no se ha polemizado y querido hacer una división entre el sentir y el pensar, colocando en la razón la semilla de la desconfianza hacia el sentimiento y, por otro lado, enemistando al sentimiento contra la razón porque esta parece menguar su intensidad o porque aparentemente lo asesina!
El cristiano debe apelar siempre a la justa razón y no tener miedo de someter el amor el discernimiento. Ninguno excluye al otro, sentimos pensando y pensamos sintiendo sin percatarnos de ello.