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El administrador fiel: cómo esperar el amor sin dejar de vivir

por Catolicos Solteros

En el Evangelio según san Lucas, Jesús plantea una pregunta que merece detenerse: “¿Quién es el administrador fiel y prudente?” (Lucas 12,42). Habla de un siervo a quien su señor deja a cargo de la casa mientras está ausente. Ese siervo no sabe cuándo volverá su señor. Lo que sí sabe es qué se espera de él mientras tanto.


Para quien busca una relación seria, esta parábola tiene mucho que decir. Muchos solteros viven la espera del amor como un tiempo en pausa, como si la vida verdadera comenzara el día en que llegue la persona indicada. Jesús propone otra manera de esperar.



La tentación de “ya llegará”


El siervo infiel de la parábola piensa: “Mi señor tarda en venir”. Y como cree que tiene tiempo, deja de cuidar lo que se le confió. En la vida afectiva puede ocurrir algo parecido. Cuando el amor tarda, es fácil caer en el desánimo, descuidar la oración, cerrarse a nuevas amistades o dejar para después el crecimiento personal. Se piensa: cuando llegue esa persona, entonces cambiaré.


Pero el amor no encuentra a nadie preparado de un día para otro. Lo encuentra en el camino.



Lo que Dios ya le ha confiado


El administrador fiel no tenía todo lo que deseaba, pero tenía algo que cuidar. Usted también. Su fe, su tiempo, su salud, sus talentos, su familia, sus amistades y su manera de tratar a los demás son bienes que Dios ya ha puesto en sus manos.


La espera no es un tiempo perdido. Es el tiempo en que Dios forma el corazón que un día amará.


Administrar bien esos dones es la mejor preparación para el matrimonio. Quien aprende a ser paciente con su familia, generoso con su tiempo y honesto en sus palabras ya está practicando el amor que algún día ofrecerá a un esposo o a una esposa.



Ser encontrado haciendo el bien


Jesús dice que es dichoso el siervo a quien su señor, al llegar, encuentra cumpliendo su tarea (Lucas 12,43). No dice esperando sentado. Dice actuando. La espera cristiana es activa: ora, sirve, se forma y se abre a conocer personas nuevas con un corazón disponible.


El pasaje termina con una frase exigente pero llena de esperanza: a quien mucho se le dio, mucho se le pedirá (Lucas 12,48). Si usted desea un amor grande, prepárese para darlo en grande, empezando por lo pequeño que tiene delante.


Si la persona que Dios tiene pensada para usted llegara mañana, ¿en qué le encontraría ocupado, y qué le gustaría haber cuidado mejor mientras tanto?

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Catolicos Solteros ... Para Fe, Amistad Y Amor

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