"No se cansen de hacer el bien." — Gálatas 6:9
En la Iglesia, no todo el año es una fiesta. Después de la Pascua y Pentecostés, entramos en lo que llamamos el Tiempo Ordinario — un tiempo sin grandes celebraciones, sin ayunos especiales, sin la intensidad de la Cuaresma o el gozo explosivo de la Navidad. Es, simplemente, tiempo de caminar con fe en lo cotidiano.
Y tal vez ahí está una de las lecciones más importantes para quienes buscan el amor.
La tentación de la prisa
Cuando alguien comienza a buscar pareja, especialmente en una plataforma como esta, es fácil caer en dos extremos: la impaciencia que busca resultados inmediatos, o el desánimo que llega cuando no los hay. Una conversación no avanza, un match no responde, las semanas pasan sin novedad — y la mente empieza a preguntar si vale la pena seguir.
Pero el Tiempo Ordinario nos recuerda algo esencial: Dios no actúa solo en los momentos dramáticos. Actúa también — quizás sobre todo — en la espera silenciosa, en los días que parecen no traer nada nuevo.
La fidelidad que nadie aplaude
No hay fiesta litúrgica para celebrar la paciencia de alguien que sigue orando por su vocación sin señales claras. No hay solemnidad para quien sigue confiando después de una decepción. Pero esa fidelidad silenciosa es, precisamente, lo que Dios mira con más atención.
Lo mismo aplica al amor humano. Las relaciones sólidas no se construyen en los momentos de euforia inicial, sino en la constancia de lo ordinario: escribir un mensaje sincero aunque no se sienta "mágico," tener paciencia con los tiempos de la otra persona, seguir orando por quien algún día Dios pondrá en su camino — aunque ese día todavía no llegue.
Lo ordinario no es lo opuesto a lo sagrado. Es, muchas veces, el lugar donde Dios trabaja con más paciencia.
Cómo vivir esta espera bien
No se trata de resignarse, sino de caminar con propósito incluso cuando no hay certezas. Esto puede significar seguir mejorando su perfil sin obsesionarse, responder con generosidad a quien le escribe, y confiar en que el tiempo de Dios no siempre coincide con el tiempo que nosotros quisiéramos.
La paciencia no es pasividad. Es una forma activa de fe.
Una reflexión para esta semana
¿Está usted viviendo esta etapa de espera con fe, o con ansiedad? ¿Qué pequeño paso de fidelidad — una oración, un mensaje sincero, una actitud de confianza — podría dar hoy, sin necesidad de ver resultados inmediatos?
Comentarios (1)
Este tema sí que descoloca, porque no se puede ver solo desde el acceso a la plataforma: todos tenemos una historia y a veces parece no ser muy afortunada.
¿Dios tendría a una persona reservada para nosotros? No querría ser pesado ni sonar pesado, pero ¿de verdad Dios esculpiría o moldearía a alguien solo para satisfacer nuestras fantasías? ¡Cuánta soberbia! Escribiría si viniera revolucionado. Pero ahora vengo escribiendo esto en paz, lo prometo, le he bajado tres rayitas y media. Pero, a todo esto, también resulta difícil pensar y asumir que, tal vez, nunca nos encontremos con alguien adecuado.
¿Y si el problema no es Dios, sino nosotros? ¿Y si Dios quiere salvarnos de nosotros mismos, pero seguimos empeñados en repetir los mismos pasos que ya nos llevaron al fracaso o al pecado? Como la típica chica que, habiendo padecido a un patán, su siguiente pareja lo es también, y piensa que el problema es que "aún no llega el patán correcto". Entonces no le quedará de otra que culpar al destino y creer que el universo conspira en su contra.
Si tuviéramos que mirar hacia adentro y purificar el propósito por el cual nos queremos casar, ¿nos encontraríamos con que en realidad se esconde una ambición meramente humana? Aunque te persuadas de que buscas la santidad o la vocación matrimonial, si solo es de dientes para afuera, cabe preguntarte: ¿Qué buscas realmente?
Quizá te has caracterizado por tener relaciones de dependencia donde convertiste al otro en un ídolo y apartaste a Dios de tu vida o lo marginaste a un rincón, haciendo de tu pareja tu todo y colocando en ella entera tu confianza. ¿Por qué Dios nos posibilitaría una relación si no es para nuestro propio bien? Dios es también un Dios de amor que cuida de nosotros. Pues abre tu corazón para que lo escuches. Y Dios es celoso, si idolatras a una pareja, ten por seguro que va destruir tu altar.
Yo no soy alguien especial para tener ideas deslumbrantes, pero a partir de una lectura o un testimonio, no puedo recordarlo, decidí seguir ese ejemplo que conocí y le dije al Señor: «Escoge Tú por mí una compañera, porque yo escogeré según mi parecer y mis caprichos». Porque seamos sinceros, ni yo podría atreverme a escribir aquí que yo miro a los otros con los ojos de Jesús. Bueno al menos lo intento en otros sentidos, pero no cuando se trata de las chicas. ¿No será que seguiría guiándome por mis caprichos y si desprecio a quienes no tienen las cualidades, la apariencia o las circunstancias que merezco o que mejor me acomodan? Tu búsqueda podría ser muy hedonista y todavía pretendes que incluya amor verdadero.
Tal vez Dios no solo prueba tu paciencia o intenta educarte; tal vez te prueba ocultando la verdadera belleza porque tú solo ves con ojos humanos. «Ahora vemos de manera confusa, como en un espejo borroso; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco solo en parte; pero entonces conoceré plenamente, tal como soy conocido.» (1 Cor 13, 12). Allá no será mostrada nuestra vergüenza, nuestra hipocresía y nuestra falsedad. Pero continúo: ¿y si durante tu vida Dios te dio lecciones y no aprendiste nada? A mí me pasó: he pensado que no quise aceptar a alguien porque no me atrajo lo suficiente, demostrando que mis ojos siguen siendo mundanos, tan contrarios al corazón de Jesús. Y la duda carcome ya te digo.
Pero el punto es claro: es una verdad de la vida que, si andas ansioso, vas a repeler a todo el mundo, y si no eres paciente, vas a echar a perder lo que toques en ese estado. La impaciencia fuerza procesos y provoca tensiones que desembocan en conflictos o crean circunstancias difíciles de reparar.
Mientras llega esa persona, trabaja en tu interior. De verdad, nunca dejaré de insistir: conócete a ti mismo, adórnate de virtudes y domestica o erradica tus peores defectos. Piensa en el amor de pareja en orden a tu salvación. Bájate del pedestal y asegúrate de entender esto: el Dios de los cristianos no es un dios doméstico que provee protección, prosperidad y felicidad a la medida de nuestros deseos. ¿Acaso crees que mereces ser amado y premiado solo porque sí?
Tú estás soltero, pero mira cuántos tienen relaciones podridas o malogradas. Dios es un hábil agricultor en su huerto; tiene manos finas que usa para enderezar ramas torcidas que se entrecruzan con otras. Este hábil jardinero intenta arreglar el desorden que otros han hecho con sus vidas, procurando no romper las ramas más pequeñas: las de los inocentes. ¿Y qué hacen los hombres, y muchos cristianos? Lo rompen todo. Reflexiona que por lo menos tu necedad no tuvo grandes consecuencias. ¿No serán tus fracasos una llamada de atención? A veces miramos hacia afuera cuando debemos mirar hacia adentro.
Incluso, ¿no podría ser la soltería algo providencial? Si no miras a tu alrededor y aprendes, probarás el amargo sabor del fracaso y la decepción. ¿Cuántas veces más? ¿Igual como a tantos otros? ¿Quieres formar parte de las estadísticas? Ver tu propia soltería o tus errores pasados desde la gratitud de no haber generado daños mayores o cadenas de dolor para ti y para otros... Y esto tal vez te ayude a sentirte más en paz con tu presente. Porque igual, como consecuencia de tu mirada mundana, tú lo ves como un infortunio.
Si Dios espera que desbloquees ese don de encontrarte con tu amado/a y tu sigues dando vueltas. Por eso ora conmigo:
«Escoge Tú, Señor, una compañera en el orden de mi salvación. Líbrame de mi ceguera y, si he de pecar, que no sea arrastrando a otro conmigo. Ten misericordia y no veas con desdén mi pequeño deseo de compartir con una compañera». Coloca compañero si eres niña.
Este poema que comparto a continuación expresa esto mismo. Lo escribí allá por el 2019 y, tal vez, aún no sé cuánto tenga que seguir esperando:
Esperándote.
Estoy esperando junto a mi ventana
No veo tu sombra en el horizonte
Pasa el tiempo y veo la lluvia envejecer
¿Dónde estás? ¿Acaso tú también piensas en mí?
Decía para mí, ya no tengo besos, ni abrazos,
mis labios se han secado,
mis brazos ya no saben cómo fabricarlos.
¿Ha querido el tiempo, borrar antiguos rastros por ti?.
Lleve mi corazón a las torres más altas
Desde arriba, pensé: el mundo es mío.
Roto, no siempre pude encontrar todas sus partes esparcidas.
Pero una voz me dice: ella ocupara todos sus huecos.
A mi corazón, cardos y espinos, lo han sazonado,
su carne, tantas veces, a su sustancia se ha rebelado.
Pero, no es áspero, ni está duro, sólo es apariencia.
Sabe él, que sus dulzuras han fermentado para tu delicia.
El mundo me ha guerreado
no siempre gane las batallas
y pensé: "no vale la pena guardarte mi promesa",
pero la providencia la ha preservado para ti.
Mi plegaria no es distinta.
Todos esperamos el sol,
y le he mirado de frente;
sin ceguera* podré reconocerte.
*(No puedes, en la oscuridad,
ver el resplandor de las almas,
Dios te ilumina con el Sol;
el astro rey cegará a los que ven sólo lo evidente
y hará resplandecer lo que está oculto
revelando lo incomprensible a aquellos que ven con su alma). Parte incluida en poema original.
El anhelo de ti me hace tomar prestadas sonrisas,
para dibujarte en la imaginación
Pero no puedo encontrar la tuya.
¿Cómo será y tu aroma de flor, a cuál se corresponderá?
Abatido y sin camino, te echo en falta,
Junto a mi he dibujado tu silueta en templos y capillas. (es real)
Pero mi mano siempre estaba vacía
¿Estás caminando ahora? ¿Vienes o te alejas?
David V. R.
No te desesperes, pero ten paciencia: algo bueno debe ofrecernos a muchos el haber alcanzado cierta madurez. Construye una sólida amistad, pues será la base de una buena relación. Pide al Señor que te muestre tu verdad... pero no lo dejes todo en sus manos: el que busca encuentra (¡y el que le pide a San Antonio encuentra la cartera!). La impaciencia y la ansiedad siempre conspirarán en tu contra.
Ojalá lean las entradas de Novios Católicos.